Aprendizajes de nuestro 2º Diplomado en Coaching

Segunda Versión Diplomado En Coaching EVS
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ueremos seguir compartiendo recuerdos de Coaching con usted que semana a semana nos lee y regala minutos valiosos de su tiempo. Prontamente podrá no solamente leer acerca de nuestra historia en el ámbito del diplomado de Coaching, sino que además mostraremos errores y aciertos de nuestra ya amplia experiencia en consultoría. Sin más preámbulos, corría el año 2014 y la presión aumentaba con el correr de cada día. La primera versión se encontraba ya en la recta final y teníamos varios proyectos mineros que se encontraban en marcha, lo cual explica en algo la presión. Nos habíamos recién mudados a una oficina bonita y chiquita cerca del metro Manquehue. En ella algo apretados nos conjuramos para conseguir comenzar exitosamente una segunda versión del diplomado que se había iniciado el año anterior, y sabíamos mejor que nadie, que para ello debíamos iniciar otra etapa en nuestro aprendizaje.

Los aprendizajes más básicos

Importantes fueron los aprendizajes de la primera versión (2013) e hicimos los ajustes necesarios para implementarlos al año siguiente, para el comienzo de la segunda versión (2014). Aprendimos en primer lugar que la elección del lugar la preparación resultan claves indispensables en el caso de que queramos poder desarrollar la jornada sin mayores inconvenientes humanos ni técnicos. Aprendimos que las tareas de coordinación debían ser llevadas adelante por una persona estratégicamente vital, que durante esos años fue una persona que con el tiempo se convirtió hasta en una especie de rostro visible de la empresa. Se convirtió en una asistente con una capacidad de aprendizaje tan notoria que no nos cabía duda que tarde o temprano nos dejaría por su voluntad innata de ayudar y crecer apoyando, elementos que en toda empresa virtuosa se precian y cuidan. Sin Denisse Schtingre y su carisma, esta historia no se habría escrito de esta manera.

No obstante también aprendimos durante ese año que la elección del hotel (en el centro de providencia) no fue la más adecuada por conceptos de servicios y espacio. Se trataba de un lugar para capacitaciones masivas, acostumbrado al servicio despersonalizado e industrial. Los salones estaban con exceso de uso y las dificultades relacionadas con la temperatura ambiente, que dicho de paso son detalles con los que muchas veces no contamos, superaban cualquier capacidad de reacción.

Aprendimos a aumentar el nivel de cumplimiento en excelencia gracias al proceso de daros cuenta de que no todo lo que teníamos preparado podía ser. Me explico. Debimos aprender a soltar y a manejar el programa de acuerdo a lo que dicta la fenomenología. No era posible cumplir con todas las buenas intenciones declaradas, si al interior del aula, de la sala de clases, los acontecimientos requerían modificaciones al programa. Ningún programa, por rígido que sea debería coartar la experiencia fenomenológica de nuestros participantes. Como el lector seguramente ya lo habrá advertido, dichas situaciones al interior de un equipo pueden generar quiebres, divisiones o diferencias de opinión. Esto no es de por sí malo ya que todos los equipos de trabajo, hasta los más exitosos, tienen fecha de vencimiento.

La importancia de soltar

El punto anterior nos dio capacidad para ser mucho más versátiles ante los requerimientos que al cliente realmente le interesa obtener o trabajar, comparado a lo que muchas veces resulta fútil, es decir el querer cumplir con un programa determinado a raja tabla. Inclusive, muchas consultoras lo hacen para eso, para cumplir con lo estipulado, sin verificar si está o no agregando valor a los que están pagando dinero por obtener algo a cambio. Eso nos caracteriza a partir de esta fecha, hicimos el aprendizaje.

Las diferencias de opinión que se fueron generando aseguraron una sola cosa. Debíamos conectarnos en profundidad con lo que nos encontrábamos haciendo, de lo contrario íbamos a arriesgar el aprendizaje de los futuros alumnos. Queríamos a toda costa aumentar la gratificación y experiencia de los alumnos que realmente deseaban estar y aprender. Para ello debíamos diferenciarnos de los procesos industriales y conectarnos con los individuos, con las personas que nos encontrábamos formando. Todo lo anterior redujo el número de personas participantes. Un número menor de participantes implicaba hacer cambios en el equipo de Coaches. Nosotros sabíamos que eso nos traería mayor unidad y cohesión como equipo, por lo tanto aumentaba nuestra capacidad de maniobrar (versatilidad), lo cual –como ya lo hemos visto– aumenta y cuida el espacio de aprendizaje experiencial del alumno.

Con el apoyo de dos grandes Coaches fue que esta segunda versión logra ponerse de pie. En primer lugar la incorporación completa de Mirta Paredes, quién ya hacía años se perfilaba como una prometedora Coach tanto en el aspecto ontológico como en el área organizacional. Su capacidad innata como profesora certificada de Biodanza –de conectar a los alumnos con su corporalidad y generar conciencia de tal manera que ésta la pueda usar el alumno en su favor en el ámbito que desee– fue motivación suficiente como para querer su aporte positivo en nuestro equipo. El segundo coach que, si bien no fue incorporado en esta versión (ya que venía de la versión anterior) nos demostró con su enorme capacidad de trabajo bajo presión, inventiva, liderazgo y toma de decisiones que todo lo que nos propusiéramos era lograble.

Encontrando nuestro propio camino

Con el equipo nos fuimos dando cuenta de que la mejor forma de evitar malos entendidos con otras escuelas que forman Coaches (algunas de dudosa reputación y formación deficiente) era comenzar a incorporar a nuestros mejores y más dedicados alumnos al Staff de Coaches. Dicha decisión y mencionado aprendizaje han incidido radicalmente en la formación de las siguientes generaciones. Los aprendizajes son expeditos y no existen segundas lecturas en torno a los tópicos del coaching, las bases teóricas están firmes y deben ser dominadas por los Coaches al revés y al derecho.

Fue así como iríamos a formar futuros grandes Coaches y colaboradores, tales como Macarena Preece o Ingrid Florido, que hasta el día de hoy se dedican a trabajar con la herramienta del coaching como algo indispensable para el correcto establecimiento de una relación productiva de trabajo con un otro; y que más allá de eso, hasta el día de hoy forman parte de nuestro equipo de Coaches que a partir del 27 de Octubre vuelve al ruedo, a formar la octava generación.

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