Ética y moral pública para principiantes

Ética y moral
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Usted como nuestro lector y habitante de ésta u otra República tiene el deber de participar no solamente en los sufragios de senadores, diputados y presidente, sino que tiene además el deber primario de conocer a su vecino, de saber dónde opera la junta de vecinos o el centro de madres. Tiene el deber de velar, luchar y de trabajar si es necesario, por el mejoramiento de las instalaciones y servicios públicos de su barrio o comuna. Tiene el deber ciudadano de reciclar y de disminuir la huella de basura que va dejando en los vertederos y el espacio público de otros conciudadanos. Usted tiene el deber ciudadano de fiscalizar a las autoridades y de exigirles explicaciones en los casos que estos defiendan y velen por su interés particular o privado. Habiendo dicho esto es menester continuar mirando el otro lado.

La institución que hacía de guía moral o determinador ético y que ejercía el dominio con pocos reales contrapesos hasta el surgimiento de los estados nacionales fue la Iglesia Católica. Por lo tanto podemos inferir sin incurrir en mayores riesgos que lo moral en el quehacer público se encontraba orientado hacia la satisfacción de los códigos éticos de tal institución. Estos códigos podían en algunas épocas llegar a determinar con horrendo grado de detalle los roles de las personas en la sociedad. El paso del tiempo fue cambiando nuestra sumisión desde un ámbito religioso hacia uno secular y de devoción a las leyes o cosa pública. Tenemos desde entonces una obligación en nuestra calidad de ciudadano con la forma en la cual nos mostramos e interrelacionamos en el espacio público. Tenemos la responsabilidad de participar en el mejoramiento de las relaciones de los ciudadanos entre ellos y con sus representantes o delegados.

El ciudadano tiene desde Kant y sus ilustrados la obligación de participar en el debate público que siempre estará orientado a la esfera pública. Lo refrenda más claramente aun nuestro gran amigo Habermas, nadie puede sustraerse de participar en la esfera pública y todos tienen el derecho a opinar. No obstante tenemos también el deber cívico de enmendar y evitar la defensa de intereses personalistas y particulares en la esfera pública. Vale decir no es válido que un privado X promueva en la esfera pública algo que solamente le trae beneficios a él mismo. Eso no es ético. No es moral.

¿Por qué no lo es? La respuesta subyace en el primer párrafo. Nuestra vocación superior, la de todos los ciudadanos y organizaciones que participamos como libres e iguales en el debate en la esfera pública nos debemos a los intereses generales no del estado, sino al conjunto que forma nuestra sociedad y el estado, la República. La cosa pública debe ser administrada de forma que responda a los intereses y decisiones de lo público. Ejercer poder público significa tener en cuenta en todo momento que el poder estatal en algunos casos de democracias degeneradas puede no corresponderse con el poder público. La lealtad del ciudadano debe siempre estar con el poder público.

De ahí se comprende entonces que el código de probidad de la administración pública pretenda regular los ámbitos en los cuales el ciudadano se puede ver afectado o en desventaja a causa de actuaciones desleales de funcionario públicos. No obstante cuan fácilmente se nos olvida que los señores senadores, diputados, ministros, jefes de partido y candidatos varios son, o pretenden ser servidores no solamente del poder estatal y por lo tanto servidores públicos, sino deberían comprender que en última instancia se deben a una razón pública.

Permítame un breve desliz. Es por todo lo anterior que usted como nuestro lector y habitante de ésta u otra República tiene el deber de participar no solamente en los sufragios de senadores, diputados y presidente, sino que tiene además el deber primario de conocer a su vecino, de saber dónde opera la junta de vecinos o el centro de madres. Tiene el deber de velar, luchar y de trabajar si es necesario, por el mejoramiento de las instalaciones y servicios públicos de su barrio o comuna. Tiene el deber ciudadano de reciclar y de disminuir la huella de basura que va dejando en los vertederos y el espacio público de otros conciudadanos. Usted tiene el deber ciudadano de fiscalizar a las autoridades y de exigirles explicaciones en los casos que estos defiendan y velen por su interés particular o privado. Habiendo dicho esto es menester continuar mirando el otro lado.

Ninguno de los candidatos ha podido ofrecer una visión de país. ¿Dónde queremos que esté Chile en 25 años más? ¿Cuáles deberían ser los caminos de la República más allá de los interesas personalistas y mezquinos de las coaliciones políticas? ¿Cuál es el punto en el que podamos encontrarnos todos y aunar criterios para fijar un piso de discusión pública en común? En esta angosta y delgada franja de tierra aún estamos lejos de ello porque no hemos podido fijar el límite para separar y distinguir en el grupo de todos aquellos que participan en la esfera pública en Chile. Separar a los que están en función de una razón pública y una cosa pública que atañe a todos los ciudadanos por igual de aquellos que solo busca hacer prevalecer su interés privado, o el de alguna agrupación o gremio en particular. El motivo es en prácticamente todos los casos el mismo. El no querer perder espacios de poder e influencia mediante los cuales se enriquecen dañando la ética y moral propia y pública. Esto lo hacen pues logran favorecer sus intereses particulares por sobre el interés público de manera reiterada y a través de los mecanismos legales más variados. Debemos separar a aquellos que socavan la moral pública en aras de aparecer en el espacio y el debate público con proyectos políticos separatistas, doctrinarios, gremialistas, cavernarios que no buscan ni nunca buscarán fortalecer a la República de cara a 25 años más. Esos tipos de seudo funcionarios solamente son leales a su particular organización y no parecieran comprender que todos en nuestra calidad de ciudadanos nos debemos a la cosa compartida, a aquello que nos une, a la República.

A veces dar un paso al costado también es velar por la cosa pública. ¿Es ético y moral presentarse a una quinta o sexta reelección? ¿No es acaso también a veces el desistir, el intentar en otros frentes y con otras herramientas, permitiendo el surgimiento de una nueva camada de servidores públicos una forma de respetar y velar por la República? ¿Es moral arrogarse la representación de la inmensa mayoría de los chilenos aun pasando por las urnas, a sabiendas que la participación electoral es muy baja? ¿Es ético querer vender una política como política pública que proviene de una ideología o religión en particular e imponérsela a la República mediante las conexiones y las influencias? ¿Acaso es ético que Chile vuelva a crecer a las tasas habituales sin que encontremos formas efectivas para combatir la desigualdad de oportunidades?

En EVS queremos que usted sea un ciudadano informado y crítico. Queríamos mediante el presente artículo recordarle la importancia que tiene SU opinión en el espacio y la esfera pública. No solo como persona con derecho a voto sino por la responsabilidad que tiene de conocer y ser solidario con su vecino, de reciclar su basura, de ser inquisitivo con las autoridades y de hacer valer su opinión, junto a muchas otras que expondremos en futuros artículos. Le damos las gracias por su atención y le queremos pedir de poner ´me gusta´ al artículo si este le ha parecido bueno y digno de compartir con sus redes sociales. Siga atento a nuestros artículos.

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