10 simples actos que cambian la forma en la cual es percibido tu Liderazgo

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El acto en la literatura dramática y sobre todo en la dramaturgia marca el tránsito del protagonista desde un hecho o acontecimiento determinado hacia un punto dónde, a raíz del hecho primario, el mismo cambia su manera de apreciar y ver la realidad. Dicho de otro modo, el protagonista no es el mismo a lo largo de los actos. Su fuero interno, su debate con el mundo es diferente. La palabra `acto´ proviene del latín actus [llevar a cabo, mover adelante] y podríamos sentirnos tentados a resumirla bajo un solo concepto: Aprendizaje.

 

 

Antes que todo, si te cansó tanta filosofía en la introducción, pasa al punto 1 de inmediato, de lo contrario sigue leyendo..

El acto es por lo tanto ese llevar a cabo. Ese ´mover adelante´, es llevado a cabo por un individuo o un conjunto de individuos que denominaremos sujetos, y que por lo demás hoy se consideran ciudadanos en tanto personas ilustradas. Todo la ensalada anterior de palabras y conceptos nos va guiando hacia algo que Friedrich Nietzsche denominaba exteriorización de pulsiones. Es lo que hacemos, el acto, el mover adelante que proviene desde una interioridad de un sujeto (fuero interno si prefiere) y se exterioriza hacia el mundo y los conciudadanos.

Es esa precisa idea que queremos mostrar y en lo posible profundizar. La idea de la exteriorización de un acto decidido por cada uno como sujeto libre implica que en algún momento (a más tardar cuando requiera sociabilizar con otros) nos interesará saber ¿cómo hago para que mis ideas sean escuchadas por otros? ¿Qué debo exteriorizar para que las personas me consideren como alguien digno de ser seguido? ¿Qué diferencia las exteriorizaciones de un sujeto A que las personas perciben como un líder, de las de un sujeto B que es percibido de otras formas muy diferentes y menos positivas? A continuación queremos llamar la atención sobre 10 asuntos importantes a tomar en cuenta si quieres que tu forma de aparecer en el mundo sea percibida por los demás como la de un Líder. Le recordamos que todo esto corresponde solamente a nuestros aprendizajes y no representan ninguna verdad absoluta ni nada por el estilo. Compartimos nuestra experiencia. Por ello nos gusta que compartan sus experiencias.

Entonces vamos con la lista

1. Apaga el auto-piloto.

Ojalá esto se pueda lograr lo antes posible. Los seres humanos somos seres de hábito. Y todos sabemos que el hábito hace la costumbre. Más si llevamos 20 años trabajando y relacionándonos con personas. Es por lo tanto muy importante que tomes conciencia de los momentos importantes, en los que te juegas el logro de las metas, y no permitas que en esos momentos funciones con el auto-piloto. El auto-piloto es auto-complaciente y te impedirá conectar con la persona o con el entorno. El auto-piloto está destinado a ayudar a producir resultados industriales, masivos. Ten por lo tanto claro que el auto-piloto, que te hace dar la mayoría de las cosas por hechas, podrá ser muy nocivo en aquella ocasión en la que deberás estar al 100%.

2. Observa tu entorno.

El entorno entrega muchas claves que no deberíamos pasar por alto. Si tienes una reunión importante fíjate en todos los detalles que puedas. ¿Cómo te reciben? ¿Quién te recibe? ¿En qué lugar toma asiento la contraparte? ¿Dónde me siento yo? ¿Es mejor sentarse enfrentados, en diagonal o al lado? Con rspecto a esto último hay que decir que depende. Pero ten en cuenta que sentarse enfrentados el uno con el otro, siempre traerá un grado de confrontación que quizás quieras evitar. No era casualidad que en el colegio el profesor te interrogaba bajo este mismo escenario de confrontación.

3. Escucha más, habla menos.

Para aprender a escuchar hay diversos entrenamientos que te pueden servir, pero uno de los primeros elementos que nosotros tomaríamos en cuenta es cuidar: qué se dice, cuando se dice, y cuanto se dice. En lo posible ten una relación de conversación vs escucha en términos porcentuales de 30% (hablas) 70%(escuchas). Si te preguntan algo responde pero ten cuidado con (1) qué es lo que dices. Más cuidado aun si estás prometiendo, declarando o enjuiciando algo. Fijate después en (2) cuándo dices lo que dices. Te podrías preguntar aquí ¿Es el momento el más adecuado para decirlo? Y finalmente (3) cuanto rato vas a estar diciendo lo que estás diciendo. Personas que hablan mucho tienden a provocar en sus “victimas” una sensación de invasión del espacio personal. Sensación que hará sentir mal a ese otro del cual requieres algo. Por eso: Sé conciso.

4. El espacio personal.

Nuestra sociedad globalizada y occidental, en la cual nos hemos acostumbrados a las grandes urbes en las cuales vivimos a estas alturas la mayoría hacinados (¡Hola Santiago! y tus 7,3 millones de habitantes) tiene algo que se llama espacio personal. Ese es un espacio imaginario que cada sujeto supuestamente siente que posee o al menos cree que le corresponde. Cuando invadimos ese espacio de una persona, existe un 75% de probabilidades que ella se sienta invadida. Ese espacio se extiende de 2 a 3 metros hacia delante de cada uno y prácticamente nada hacia los costados. Por lo tanto si me paro a 30cm enfrente de otro es más confrontacional que si lo hago desde un costado o diagonal. De hecho si lo hago desde un costado tiendo a favorecer la complicidad de ambos.

5. El tono de voz y contacto visual.

Van de la mano. Controla el tono de tu voz y úsalo conscientemente para provocar situaciones que favorezcan tus intenciones. Usa el tono de voz para hacer sentir cómoda a la otra persona, en lugar de hacerlo sentir amenazado. Enfatiza los diferentes elementos que quieras controlando el nivel de volumen con el cual estás diciendo algo, incluso hay quienes conscientemente asumen ciertos acentos cuando quieren poner un énfasis determinado, lo que en chile algunos llamamos el ´cantadito´. Cuando pongas los diferentes énfasis es de absoluta importancia que mires a los ojos a la otra persona. Es recomendable hacerlo seguido, cultivar y mantener el contacto visual, no obstante también aquí hay límites. Debemos estar conscientes de que el excesivo contacto visual puede ser una invasión del espacio personal de la otra persona.

6. Se alguien fácil de seguir.

Esto no depende necesariamente de lo compleja o no que se tu idea o meta, y en todos los casos, sin importar el rubro, requerirás de personas que te apoyen, que te sigan. Ahora, esto solamente es posible si eres alguien fácil de seguir. Muchas veces una buena actitud de apertura al otro, al vecino o conciudadano, son el primer paso, no obstante con ello no va a ser suficiente. Se fácil de ubicar, que tus ideas se puedan resumir sencillamente, que los títulos o caratulas sean amigables y llamativas. Expresa la idea de tal manera que hasta un niño de ocho años pueda comprenderla sin mayor esfuerzo.

7. Observa a las personas.

Las personas tendemos a revelar todo de nosotros a través de nuestro comportamiento corporal, no-verbal. Tendemos no solamente a revelar cuando estamos en una emoción determinada, sino además revelamos inconscientemente cuando estoy fingiendo una emoción determinada. Tendemos a mirar el piso, tocarnos la oreja o el pelo cuando mentimos o cambiamos una cosa por otra. Tendemos a mirar a los ojos para generar la sensación de sinceridad. La postura corporal del otro te va a indicar si le importa lo que le estás diciendo o no. En algunos casos incluso te revela lo que realmente desea.

8. Prepárate.

Trabaja con tiempo de anticipación. Que la reunión importante no sea un escenario de pruebas de último momento. No puedes dejar nada al azar y para ello deberás averiguar todo cuanto puedas del lugar y de las personas con las que te vas a entrevistar. Sin volverte obsesivo intenta saber dónde será la reunión. Intenta observar la manera en la cual las personas en dicho lugar se visten, para así saber exactamente qué vestir. Intenta saber quiénes irán a la reunión y en lo posible intenta averiguar algo más del trasfondo profesional tanto de ellos como de su empresa. ¿En qué proyecto se encuentran actualmente? ¿Cuáles son sus grandes desafíos? ¿Qué les provoca crisis?

9. Entrénate.

Entrena continuamente en lo que haces. Lo que haces, lo haces bien pero necesitas no dormirte en los laureles. Establece ritmos de trabajo en los cuales puedas continuar desarrollándote en aquello que te hace fuerte y exitoso. Intenta hacer más cursos, continuar aprendiendo, si es necesario auto-gestionate el conocimiento, pero intenta ser el mejor en lo que haces. Si eres entrenador deportivo, entonces te diría busca los espacios para no dejar de entrenarte a ti. Todo lo anterior no lo hagas para los demás o para figurar, hazlo porque eres tú, es parte tuya.

10. Visualiza tu éxito.

Es necesario que no solamente creas en ti. Debes visualizarte a ti mismo logrando aquello que es tu meta. Debes verte en ese lugar una y otra vez, ver los colores del lugar, las personas que estarán ahí, tu sensación al lograrlo. Debes visualizarlo para estar preparado pero también porque el visualizarlo es una forma más potente de creer. Con respecto a esto hay que tomar en cuenta y cuidarse solo de un punto. Cuando tu cerebro visualiza el éxito futuro, por ejemplo te visualizas delgado y sin esos 5 kilos de más, él ya experimenta la misma sensación de logro que sentiría el día del logro y eso lleva a que nos relajemos. Nos relajamos porque nuestro cerebro cree que ya hemos llegado a la meta (sí, solo por visualizarla). Eso se debe evitar con mantener viva la chispa que te hace querer ese algo, que tan fervientemente quieres.

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